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miércoles, 2 de noviembre de 2011

Europa, el parchís alemán

Estoy sentado en clase. Hoy se ve amplia, luminosa y blanca, con ambiente fresco. Al fondo, el profesor con su voz monótona discurre sobre asuntos que poco importan. La vida política británica de los años 40 no se aprende en la universidad, sino en las maravillosas series de la BBC. Hay quien teclea sin parar, sin dejar de mirar la pantalla de su portátil, comó si sus tímpanos se encontrasen en los dedos de sus manos y no dejaran de transcribir lo que escuchan, las batallas de algún loco que ha hecho historia. Otra gente lee el periódico, ilusionados por ese país que se levanta entero contra un mercado sin corazón que ahoga a su nación, donde nació aquello del poder de todos.

La historia es caprichosa. La historia ha vivido siempre de casualidades y de momentos oportunos en lugares oportunos. Y hoy, una Gracia que iba a dejar de serlo se pone firme y mira a los ojos de quien le quiere dar el golpe de gracia. Con una firmeza e inocencia como la del niño que no puedes matar ("¿Quién puede matar a un niño?" Narciso Ibáñez Serrador, 1976), se la da quien de verdad da el poder a un país. Un político, el jefe del estado, el ejército, por el contrario, no tienen. No hay poder mayor ni más fuerte que el que a cualquier concepción de organización le puede dar que una persona le de la mano a otra y así hasta estar unidos en un interminable y maravilloso corro de la patata. Sociedad.

El resto de europa, o sea, el mercado, pone el grito en el cielo. Se revela y grita, pataleando. Y no le falta cierta razón. Aquí se ha propuesto un juego con unas reglas que se han aceptado. Se ha puesto en marcha y acaba de suceder lo inevitable: hay quien ha doblado a un enemigo y se ha comido la primera ficha. Lo que pasa es que, la ficha azul, la devorada, ahora dice que no acepta las bases del juego y no quiere retroceder 25 casillas como sucede en el parchís. Incluso considera la posibilidad de dejar de jugar. Mal perder.

Mientras, el club quiere seguir jugando con la ficha malherida, cargando con ella, desangrándola hasta su mísmisimo final. De tal forma que me gusta pensar que de una forma velada e informal, grecia está sencillamente invadida. no ha habido ejército irrumpiendo en las fronteras, ni bombardeos en las ciudades ni un loco con bigote entrando triunfante en la atenas caída.

Alemania y Francia han encontrado en el mercado el sustituto perfecto a la guerra: el viejo sueño imperialista germano hecho realidad desde el derecho y las reglas del juego sin vulnerar ninguna norma básica de la vida. Como dijo un sabio, hay que ganar por lo civil o lo criminal. Alemania sigue aun hoy pagando por lo criminal de sus dos guerras mundiales perdidas y ha tenido la gran idea de seguir con su erre que erre particular por otra vía en la que no tuviera que pagar consecuencias. El tablero es Europa; el nombre del juego, mercado; y el dado para jugar, el €uro.

Y el juego abre la boca para devorar a su primera víctima, la primera ficha, el primer jugador caído. Sin embargo, la realidad es más cruda si nos dejamos de tanta metáfora. Hay un país en ruina económica en la que bien es sabido que se ha hundido él mismo (perdón, su anteriro equipo de gobierno. De derechas, por cierto). El precio es tan alto, y he aquí el problema, que habría que considerar si ante esta situación, no se podría dotar al juego de cierta conciencia. O corazón.

Po reso el pueblo heleno se va a lñevantar y a decir NO. Quien más se beneficia del juego se lleva las manos a la cabeza. Quien tiene un mínimo de sentido común, reconoce el error griego, perdona y deja que aquel país se levante y pueda ser lo digno que por unas cosas u otras, nunca le han dejado ser.

Vendería al infierno la Torre Eiffel y la Puerta de Brandenburgo por ver esa reunión entre ese par de bestias despiadadas, Merkel y Sarkozy, que sujetan el tablero europeo con sus manos y un pobre Papandreu que ha tenido el par de huevo de decirles: No. Mi pueblo antes que vosotros dos y vuestro €uro. La bronca será fuerte.

Ahora mismo ya está toda la maquinaria europea escupiendo mierda: que si demagogia griega, que si despotismo ilustrado...

Para cerrar, mentar la portada de un diario nacional porque sería bueno hacer una reflexión sobre ¿por qué el mercado se desquicia cuando la soberanía popular va a abrir la boca?

Veo que la gente deja de teclear. Murmullos. Sillas arrastrándose. Hemos acabado. Voy a por un café


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